¿Es amor o ilusión? Parte V

S/.2.00

Si el verdadero amor no consiste en pedir sino en dar, podemos descubrir rápidamente que el hombre que le pide sexo a su enamorada antes de casarse no la ama ya que en ese momento, él está más preocupado en pedir para su propia satisfacción que en dar. El que ama da respeto, seguridad, fidelidad entre muchas otras cosas. Hay relaciones que desde su inicio, ya están condenadas a fracasar, porque comenzaron mal, basadas en su egoísmo y en la búsqueda de su propia felicidad mas no en la de la otra persona. Si quieres ser feliz no debes buscar tu propia felicidad, sino la felicidad de la persona que dices amar. Es muy fácil entenderlo: Mientras más felicidad das, más felicidad recibes. Mientras más felices haces a los demás, más feliz te harán los demás a ti. La felicidad no es como el dinero que mientras más ahorras más tienes; es al revés: mientras más das, entonces más felicidad tendrás.

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EL AMOR NO BUSCA LO SUYO

 

“¡Si no me das la prueba de tu amor terminamos!”. Esta es la reacción de muchos jóvenes cuando su enamorada al negarles tener relaciones sexuales les ha demostrado que es una mujer de principios y una mujer pura. Cualquier hombre inteligente y maduro estaría muy contento de tener una chica así, menos los malos hombres que sólo buscan placer y satisfacción a sus bajas pasiones carnales y que no desean hacer feliz a su pareja. Al hacer esta petición demuestran que no aman a su pareja, sino que la desean ya que el que ama de verdad no busca su propia satisfacción o “felicidad”. La Biblia nos enseña que el verdadero amor no busca lo suyo; esto significa que amar de verdad consiste en buscar la felicidad de la otra persona y no la suya propia. El verdadero amor no busca lo suyo; esto significa que el verdadero amor no consiste en pedir sino en dar. El ejemplo más grande y visible que tenemos de esto es el que Dios nos dio: “De tal manera amó al mundo, que dio a su hijo Jesucristo para que toda persona que cree en él, no se pierda mas tenga vida eterna” (San Juan 3:16).

Si el verdadero amor no consiste en pedir sino en dar, podemos descubrir rápidamente que el hombre que le pide sexo a su enamorada antes de casarse no la ama ya que en ese momento, él está más preocupado en pedir para su propia satisfacción que en dar. El que ama da respeto, seguridad, fidelidad entre muchas otras cosas. Hay relaciones que desde su inicio, ya están condenadas a fracasar, porque comenzaron mal, basadas en su egoísmo y en la búsqueda de su propia felicidad mas no en la de la otra persona. Si quieres ser feliz no debes buscar tu propia felicidad, sino la felicidad de la persona que dices amar. Es muy fácil entenderlo: Mientras más felicidad das, más felicidad recibes. Mientras más felices haces a los demás, más feliz te harán los demás a ti. La felicidad no es como el dinero que mientras más ahorras más tienes; es al revés: mientras más das, entonces más felicidad tendrás.

Es tan fácil ser feliz en esta vida, no te costará ni siquiera diez centavos. ¡Sólo necesitas decidirte a buscar el bien de la otra persona! Cuánta razón tenía nuestro amoroso y sabio Señor Jesucristo cuando dijo: “El segundo mandamiento es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31). Él quería que seamos felices decidiendo amar a los demás y buscando su bienestar.

Pero ya que hablamos del amor al prójimo y del amor a nuestra pareja, hay un principio que los jóvenes y esposos que quieren ser felices siempre deberían practicar: nunca trates a tus amigos mejor de lo que tratas a tu pareja. Practica el segundo mandamiento y el amor a los demás comenzando desde tu propia casa o con la persona que será tu futuro esposo o esposa. No me refiero que debes tratar bien a tu pareja y mal a tus amigos. Mas bien me refiero que debes tratar bien a tus amigos ¡Y mucho mejor a tu pareja!

Ponemos algunos ejemplos para entenderlo mejor: Si con tus amigos y amigas eres una persona muy educada y cuando necesitas que salgan de un lugar les dices: “Permiso por favor”, entonces haz lo mismo con tu pareja, dile con cariño “Permiso, mi amorcito por favor”, pero hazlo siempre y no sólo cuando estás interesado en conquistar a alguien. Es triste oír a jóvenes que ya tienen buen tiempo de enamorados o de casados decirle a su pareja toscamente: “¡Quítate o de un soplo te boto!”, cuando es flaquita; o “¡Sal de ahí o te empujo y te ruedas!”, cuando es gordita; luego se están jalando y peleando ¡Eso no le harían a sus amigos, sobre todo si recién los conocieran! Y como no faltará alguien que por ahí diga “Yo si los boto y empujo a mis amigos”, entonces justamente de eso se trata este consejo: Que a tu pareja la trates mejor que a tus amigos. O mejor aún si ves que tu pareja o pretendiente no respeta a sus amigos, entonces ya puedes tener algunos indicios de la forma que te tratará a ti y del futuro que te espera.

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