¿Es amor o ilusión? Parte III

S/.2.00

Cuando alguien ama a una persona profundamente, está con ella no para jactarse de tener la chica más bonita o el chico más simpático, sino porque se siente feliz y quiere hacer feliz a la persona que ama. En cambio el joven ilusionado se fija más en la belleza exterior, para tener de que jactarse delante de sus amigos o amigas. Quiere que todos le digan “Qué suerte tienes, tu enamorada es la más bonita de todas”. El joven ilusionado incluso se siente envidioso cuando ve que alguno de sus amigos tiene una chica más bonita que la que el tiene. Es triste oír a jóvenes que ya tienen una relación sentimental con alguien, decir: “Qué suerte tiene mi amigo, su enamorada es bien, pero bien bonita”. Esto quiere decir que ellos no están contentos con la chica que tienen y que no la aman.

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EL AMOR NO ES JACTANCIOSO, NO SE ENVANECE. Esta frase nos muestra otra de las grandes características del verdadero amor: Cuando es realmente amor lo que sentimos por alguien, amamos a esa persona por lo que es y no por lo que tiene, es decir, el amor verdadero se fija más en la belleza interior del ser amado que en su belleza exterior; se fija más en sus cualidades que en sus cantidades.

Cuando alguien ama a una persona profundamente, está con ella no para jactarse de tener la chica más bonita o el chico más simpático, sino porque se siente feliz y quiere hacer feliz a la persona que ama. En cambio el joven ilusionado se fija más en la belleza exterior, para tener de que jactarse delante de sus amigos o amigas. Quiere que todos le digan “Qué suerte tienes, tu enamorada es la más bonita de todas”. El joven ilusionado incluso se siente envidioso cuando ve que alguno de sus amigos tiene una chica más bonita que la que el tiene. Es triste oír a jóvenes que ya tienen una relación sentimental con alguien, decir: “Qué suerte tiene mi amigo, su enamorada es bien, pero bien bonita”. Esto quiere decir que ellos no están contentos con la chica que tienen y que no la aman. Solo se le declararon por la ilusión que sintieron hacia su aspecto físico y ahora ¡Ya están ilusionados de otra! Es que la ilusión se fija en alguien solo por jactarse de estar con una persona atractiva. Es como los que están recién casados y al conocer a otra señorita piensan “Cómo no la conocí antes”. Eso demuestra que se casaron por ilusión y no por amor.

También hay otra señal de alguien que no ama y solo está ilusionado: cuando ya ha terminado su relación con su pareja, anda diciendo a todo el mundo: “Esa chica que ves allá, la más bonita de todas, fue mi enamorada”, y lo mismo dirán las señoritas que estuvieron con alguien solo por ilusión, andarán pregonando que estuvieron con el chico más simpático, o el que mejor canta o toca algún instrumento, solo para jactarse de su triste currículum de “conquistas” que daña su reputación personal.

A la mayoría de hombres, cuando se les pregunta “¿Cómo te gustaría que sea tu enamorada?” Responden: “Quiero que sea alta, bonita, con cara de muñeca, gringa, con cuerpo de modelo y que sus medidas sean noventa arriba, sesenta en medio, y revienta abajo” ¡Ni siquiera quieren una chica 60, 90, 60! La mujer hoy en día, es vista como un objeto de placer sexual, tanto así que, si tus medidas no son noventa, sesenta, noventa, no sales en venta.

Y cuando a una señorita le preguntan “¿Cómo te gustaría que sea tu enamorado?” Responde casi lo mismo: “Me gustaría que sea alto, simpático, musculoso, puro fibra, de ojos verdes y rubio” ¡Más o menos como Víctor Zafra!
Este tipo de respuestas demuestran que los jóvenes se enamoran del cuerpo pero no de la persona, otras veces se enamoran de las habilidades o talentos como el cantar o el carisma ¡pero no de la persona! Si te enamoras de alguien solo porque canta bonito, mejor cómprate un radio, porque no serás feliz con alguien que tiene buen talento, pero a la vez mala conducta.

La Biblia, que es la palabra infalible de Dios, nos enseña que el verdadero amor, no es jactancioso y no se envanece. Jactarse significa alabarse excesiva y presuntuosamente, con fundamento o sin él, y aun de acciones criminales o vergonzosas. Envanecerse significa ser arrogante, soberbio y vanidoso. ¡Y muchos jóvenes quieren alguien de buen cuerpo y hermosa cara solo para jactarse! Eso no es amor, es ilusión.
Algunos padres, también, en lugar de enseñar a sus hijos lo que es el amor verdadero, desean que sus hijos estén con alguien de buena presencia o de mejor raza, para jactarse ante los demás familiares, y se oponen terminantemente a que sus hijos tengan una relación con alguien que no tiene el aspecto físico que cumpla con sus expectativas. Por eso se oye a muchos padres decir “Cásate con tal persona para que mejores la raza”. Lo hace movido por su jactancia, pero al mismo tiempo, no se da cuenta que acaba de reconocer indirectamente que su raza es mala. Si nosotros verdaderamente somos personas maduras y correctos seguidores de Jesucristo, vamos a llegar a amar como él ama y a valorar a las personas por lo que son y no por lo que tienen. Para Dios valemos no por ser altos, rubios o de ojos azules. Para Dios valemos por lo que somos: seres humanos creados por él e hijos suyos a su imagen y semejanza. Todas las personas valen a los ojos de Dios.

Recuerdo que cierta vez, hace algún tiempo, cuando caminaba con un amigo por la calle, vimos a un joven que andaba abrazado con su enamorada por la otra vereda. Cuando este joven nos vio, abrazó mas fuerte a la señorita y delante nuestro la besó, luego volvió a mirarnos y se sonrió. Le pregunté a mi amigo si lo conocía y me dijo que sí, que era un compañero de estudios de su colegio.

En este ejemplo de la vida real, notamos con toda claridad que este joven no amaba para nada a su chica, solo estaba con ella para exhibirse y jactarse de tener una bonita pareja. Lamentablemente las chicas de ahora también se prestan a ser usadas por los hombres, ya que ni siquiera analizan quién es el hombre que se les declara sino que aceptan rápidamente a cualquier hombre, igualmente, solo por su apariencia física sin conocer la verdadera forma de ser dentro de su corazón.

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